El acceso a información precisa sobre salud reproductiva y materna puede ser crucial. Pero en las plataformas de Meta, el solo hecho de hablar de medicamentos de venta bajo receta, de servicios de aborto o de las propias experiencias médicas puede bastar para desencadenar la eliminación de contenidos y la restricción de cuentas.
Por eso la EFF presentó hace poco un comentario público ante el Consejo Asesor de Contenido de Meta, en el marco de su análisis de un caso relativo a una publicación de Instagram sobre medicamentos recetados durante el embarazo y el parto. El caso aborda un tema que venimos documentando desde hace tiempo: el año pasado recopilamos testimonios de personas que habían sufrido censura de información sobre salud reproductiva en distintas plataformas. Meta destacó en particular: sus sistemas de moderación fallan sistemáticamente a la hora de distinguir entre transacciones prohibidas de medicamentos y conversaciones legítimas sobre ellos, incluida la información educativa y las experiencias de primera mano de las personas con la atención de la salud.
A través de nuestro proyecto Stop Censoring Abortion (Dejen de censurar el aborto), la EFF reunió casi 100 aportes de profesionales de la salud, clínicas, educadores, activistas, investigadores y otras personas cuyos contenidos sobre salud reproductiva habían sido eliminados o suprimidos por plataformas de redes sociales. Lo que encontramos es alarmante: aplicación excesiva y sistemática de las reglas, políticas confusas, bajas arbitrarias de contenido, bloqueos repentinos de cuentas, reducción de visibilidad y apelaciones que con demasiada frecuencia no llevaban a ninguna parte.
Hablar de un medicamento no es lo mismo que venderlo
En casi todos los casos que revisamos, las publicaciones y cuentas censuradas en realidad no infringían las reglas declaradas de las plataformas. Meta invocó reiteradamente su política de bienes y servicios restringidos, que prohíbe los intentos de comprar, vender, intercambiar, donar, regalar o solicitar medicamentos. Pero el contenido que documentó la EFF consistía abrumadoramente en información objetiva o educativa, no en intentos de vender o distribuir medicamentos.
Las consecuencias fueron graves. Por ejemplo, la Miscarriage+Abortion Hotline (línea de ayuda sobre aborto espontáneo e inducido) sufrió la restricción de su cuenta de Instagram y la eliminación de publicaciones, pese a que brindaba información sobre cómo obtener medicamentos legalmente y no ofrecía fármacos a la venta. La Red River Women's Clinic y el centro de investigación en salud reproductiva RISE de la Universidad Emory vieron sus cuentas bloqueadas tras publicar sobre la mifepristona.
Otras personas usuarias informaron que sus contenidos fueron discretamente relegados en los algoritmos o sometidos a "shadowban", lo que limitó su alcance sin darles un aviso ni una vía de reclamo significativos. Creemos que el contenido educativo y las experiencias de las personas en torno a la atención de la salud reproductiva y los medicamentos no deberían suprimirse de este modo.
Y cuando Meta se equivoca en estas decisiones, el proceso de apelación con demasiada frecuencia no las corrige. En varios de los casos que documentó la EFF, las cuentas se restablecieron solo después de que periodistas llamaran la atención sobre el problema o de que alguien con un contacto personal dentro de Meta interviniera. Un sistema de moderación no debería exigir que conozcas a la persona indicada para lograr que se revierta una decisión errónea.
Meta puede —y debe— hacerlo mejor
Nuestra presentación le exige a Meta cinco cambios: los mismos cinco cambios que pedimos el año pasado.
Primero, Meta debería publicar políticas claras y comprensibles para que las personas usuarias sepan qué contenido está permitido y cuál puede derivar en la eliminación, la pérdida de visibilidad o la suspensión de la cuenta. Segundo, esas reglas deben aplicarse de manera coherente y justa. Tercero, Meta debe brindar explicaciones significativas de sus decisiones de aplicación de reglas, que incluyan qué norma se infringió y cómo se puede apelar. Cuarto, las personas usuarias necesitan un sistema de apelaciones que funcione y que no dependa de tener contactos internos.
Por último, Meta debería ampliar la revisión humana. La atención de la salud reproductiva es precisamente el tipo de asunto lleno de matices y dependiente del contexto que a los sistemas automatizados de moderación les cuesta entender. Como muestra nuestra investigación, los sistemas automatizados pueden confundir educación con venta de medicamentos, malinterpretar terminología, pasar por alto el contexto cultural y político e incluso clasificar el activismo legítimo como contenido peligroso. Por eso, los moderadores humanos deberían tener un papel más relevante cuando los sistemas automatizados marcan información sensible sobre salud o expresiones políticas.
Meta optó por permitir en sus plataformas la conversación sobre la atención de la salud reproductiva, incluido el aborto. Ese compromiso significa poco si sus sistemas de moderación igual impiden que las personas accedan a esa información o la compartan.
En un momento en que los derechos reproductivos están bajo ataque en todo el mundo, lo que está en juego es especialmente grave. Restringir el acceso a información esencial sobre salud puede tener consecuencias profundas, sobre todo para quienes ya enfrentan barreras para acceder a la atención reproductiva.
Las personas usuarias merecen un sistema en el que las reglas no se apliquen de manera arbitraria, las apelaciones realmente funcionen y la información vital sobre salud no quede silenciada porque un sistema automatizado no supo entender su contexto. Meta puede —y debe— hacerlo mejor.
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